Hacía tiempo que necesitaba pararme. Aprovechar esta pausa para sentirme y procesar los últimos cambios, las próximas ilusiones.
En el mundo de la infertilidad, todas y todos los que os envolvéis de él, sabréis que esa sensación de sentirnos perdidas y perdidos, nunca nos abandona. La incertidumbre de un futuro imaginario que soñamos y anhelamos siempre está ahí, fijado en nuestra cabeza y en nuestro corazón, aunque con mucho miedo, incluso provocando vértigo.
Así me siento, pase lo que pase, realice los pasos que haga, así me siento.
El mes de noviembre está siendo un terremoto de emociones.
Por un lado, me siento bien. Pues han sucedido cosas, han habido pasos. Pero por otro lado... Todo me vuelca al borde del abismo, con temor a no controlar las emociones y que todo se desemboque, a más tristeza y frustración.
Sí, me llamaron por fin! Después de dos años en la lista de espera de la SS, llegó la llamada. Pensé que nunca llegaría sabéis. Primero, porque recuerdo ese número 1572 cómo un "bueno, apuntada estoy, aunque seguro qué lo consigo antes!". Qué inocente fui, cuándo confié plenamente en la posibilidad de ser madre desde el momento que inicié el mundo de las FIV's...Y ahora que lo reanudo, que próximamente vuelvo a adentrarme en él...qué ilusión y qué miedo...
Entre este sentimiento de aproximación, de saber qué queda poco, J y yo decidimos viajar. Ya os comenté en el último post que este verano muy especial, tan especial que locamente sentimos la gran necesidad de visitar los campamentos de refugiados del Sáhara y ver a nuestra pequeña G y conocer a su familia. Bffff Lo reconozco, me siento eufórica! Me genera una adrenalina increíble, pero mezclada con el temblor de los cambios, es una bomba de nervios. Sabéis, viajo ahora porque dentro de mí hay un deseo incontrolable, un pensamiento que ronda en mi cabeza que me dice.. "luego no podré!". Inconscientemente he organizado un futuro "ideal" dónde viajo, viviendo esa gran experiencia y luego a nuestra vuelta, lo conseguimos. Somos papás.
Aixxx cuántas esperanzas depositadas en este proceso. Pero qué pasará si así no es? Cómo gestionar tantas ilusiones perdidas, cómo seguir cargándonos de fuerza cuándo la vida nos debilita?
Me subo a la montaña rusa y aunque el vértigo me paraliza, cierro los ojos y sueño con la posibilidad de conseguirlo.
Lola

