Después de 3 años quién se iba a imaginar que mi vuelta a la
montaña rusa de la infertilidad iba a ser así…
Porque sí, me volví a aventurar en el mundo infértil, casi
con una venda en los ojos y cargando una mochila llena de energía y confianza
que ha ido cogiendo forma durante este último tiempo de reflexión y auto cuidados.
Durante estos 3 años he aprendido a quererme un poco más. Conecté
mucho con mis miedos, mi culpabilidad de no poder ser madre y aprendí a
conocerme más y mejor. Luché mucho contra todo el dolor acumulado de tantas
negativas y esfuerzos desvanecidos, y poco a poco, lo fui disipando en el
recuerdo, dándome la oportunidad de aprender de todo lo vivido y así, conseguí
llenarme de mucha paz.
Una cosa que me fue muy bien es construir más deseos:
viajar, apuntarme a actividades que me motivan, más ejercicio y yoga, visitar
sitios bonitos, dediqué tiempo para formación… Rellené mi corazón de muchos
deseos, no sólo el de ser madre. Y sentí que la vida es un abanico de posibilidades
que en el mundo infértil a veces, silenciamos.
Y guerreras, después de 3 años, os lo confirmo: lo he
conseguido. Estoy en paz.
Cuando sentí que estaba bien conmigo misma tuve la gran
suerte que J seguía a mi lado, acompañándome, cosiendo sus heridas. Y juntos, volvimos
a disfrutar de nosotros, dejando a un lado las pruebas, las frustraciones, las
esperas, la medicación, la larga lista de cosas que pesan tanto en estos
procesos.
Pero todas sabéis que ese deseo de la maternidad y la
paternidad, al menos nosotros, no lo hemos eliminado. Y ahora que estamos bien,
con otra actitud, hemos decidido acogerlo y afrontarlo con otra mirada.
Decidimos llamar a la SS y nuestra gran sorpresa fue saber
que nuestros embriones seguían vitrificados, esperando nuestra recuperación.
Todo ha sido tan rápido que en un mes, entre visitas, ecografía y medicación,
ya están conmigo dos blastocitos preciosos des del miércoles 11 de marzo.
Y aquí estoy en mi bestaespera, confinada, mimándome,
ocupando el tiempo y mi cabeza.
Y sólo me repito, si ésta es la buena, la definitiva, jamás
podré olvidarme de estos días.
Día 23, la beta. Aún me queda una semana.
Un abrazo a todas y ánimo, de esto sólo podemos salir más
fuertes. Más aún de lo que ya somos
Lola
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